El balance de fin de año y cómo usarlo en la planeación del año que comienza

Escrito por  Víctor Ardila

Siempre que finaliza un año hacemos un balance personal de lo que planeábamos hacer y se logró y de aquello que por alguna razón, no hicimos.

Pero, ¿qué tal si hacemos el balance de nuestro año como personas y como profesionales de la educación? ¿Qué tal si comparamos nuestras metas, propósitos y desafíos que nos planteamos al iniciar el año con lo que logramos?

Aquí hay una serie de preguntas que nos permiten hacer un buen balance del año que está llegando a su final y que pueden ser la materia prima para preparar el listado de nuestros objetivos para el año que se aproxima.

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1. ¿Cuáles eran nuestros propósitos para este año que culmina?

Si no tenemos un listado por escrito de los fines que nos habíamos planteado para este año, es probable que no los recordemos todos. En ese caso, pensemos en general, cómo éramos como personas y como profesionales al comenzar el año pasado y cómo lo terminamos.

Es recomendable definir bien nuestras metas para cada año y diferenciar entre lo que deseamos y lo que nos proponemos. Un deseo se refiere a saciar un gusto, mientras que un propósito tiene que ver con la determinación firme de hacer algo.

Para el año que comienza, podemos tener en cuenta las siguientes recomendaciones que nos servirán para plantearnos propósitos evaluables:

- Nuestras metas deben establecer un balance en la vida.

- Incluyamos objetivos espirituales, no importa la religión que profesemos.

- Planteemos objetivos que mejoren nuestra vida familiar, laboral y sentimental.

- No incluyamos los deseos en nuestra lista. Esos dejémoslos en el listado de regalos para Papá Noel.

2. ¿Qué hicimos para que nuestros propósitos se cumplieran?

De la mano del punto anterior, recordemos aquellas acciones que emprendimos para conseguir nuestros propósitos y, sobre todo, pensemos en cuánto nos han costado y lo mucho que nos enorgullece haberlos logrado.

Más que lamentarnos de lo que pudimos haber hecho, reconozcamos nuestros logros alcanzados y analicemos cuál fue el camino que nos llevó al éxito en esos casos para continuar por esa senda.

3. ¿Por cuáles propósitos cumplidos nos sentimos agradecidos?

Identifiquemos aquellas metas que alcanzamos y demos gracias por haber sido capaces de conseguirlas. El sentimiento de gratitud está vinculado al agradecimiento, que es la acción y efecto de agradecer. Sentir gratitud ofrece muchos de beneficios entre los que se cuentan:

- Nos hace más felices.

- Beneficia a la persona que la recibe.

- Fortalece las relaciones.

- Desarrolla una actitud positiva hacia las cosas y hacia los demás.

- Nos hace conscientes del mundo que vemos, de aquello que tenemos y de quienes nos rodean.

4. ¿Qué errores cometimos y qué aprendimos de ellos?

Es normal que en nuestra vida personal y profesional cometamos errores porque es parte de nuestra naturaleza. Debemos pensar en nuestras fallas como un proceso de aprendizaje del que podemos extraer experiencias y nuevos conocimientos.

Como educadores sacamos los mayores beneficios del error que cometen nuestros estudiantes y los usamos como herramienta poderosas de aprendizaje. Usemos nuestros propios errores para crecer también como profesionales y como personas. Aprendamos a decir “me equivoqué” sin el temor de ser juzgados.

No debemos olvidar que el no hace no se equivoca pero tampoco aprende. Pero para aprender del error hay que conocer su causa y hacer la retroalimentación necesaria para evitar que se convierta en hábito.

5. ¿Qué cosas nuevas aprendimos?

Durante este año hemos aprendido de nuestros aciertos, de nuestros errores y de las nuevas experiencias. Todo ese aprendizaje no debe ser tirado a la basura, sino más bien convertirse en parte del equipaje con el que iniciaremos el nuevo año.

Así como pensamos en hacer un listado de todo aquello que nos proponemos para el próximo año, hagamos uno de aquellas experiencias de las que aprendimos como profesionales y como personas, incluyamos también las ideas novedosas que se nos ocurrieron para enseñar ciertas temáticas, las respuestas más creativas de nuestros estudiantes, la chispa creadora de nuestros colegas, las publicaciones que nos causaron impacto o lo que compartimos con las personas que no conocíamos.

6. De nuestros planes más importantes: ¿cuáles logramos? ¿Cuáles realmente no eran tan importantes o eran deseos?

Es imprescindible poder evaluar qué de aquello que nos propusimos eran propósitos y qué eran deseos. Ya con la diferencia que hicimos al comienzo, podemos identificar con precisión nuestros propósitos para el próximo año.

Debemos preguntarnos qué nos faltó para cumplir nuestros propósitos: ¿falta de tiempo?, ¿falta de interés?, ¿tal vez nos faltó un poco más de disciplina?, ¿quizás incluimos demasiados propósitos para un lapso tan corto de 365 días?, ¿de pronto no les dimos un orden de importancia y nos detuvimos mucho tiempo en conseguir propósitos no tan importantes?

7. ¿Qué cosas de las que implementamos funcionaron y por ello vale la pena continuar el próximo año?

Hacer consciencia de nuestros logros nos ayuda a darnos cuenta de que una experiencia difícil que vivimos durante el año, puede ser la base para construir algo mejor en el futuro. Como balance del año que termina, también podemos identificar cosas, acciones, actividades o relaciones que definitivamente nos enriquecieron en lo que somos, en lo que hacemos o en lo que queremos para no dejarlas de incluir en nuestro itinerario para el nuevo año.

8. ¿Qué cosas no funcionaron y debemos replantear?

Descubrir que algo ya no funciona o que nunca funcionó, puede ser tan útil como reconocer aquello que sí fue efectivo. Identificar eso que definitivamente no nos sirve, puede ser muy revelador y en cierta forma hasta puede quitarnos una gran carga. ¿Por qué proponerse metas solamente porque “deberías lograr” esto o aquello? ¿Quién lo dice? A veces se trata de estrategias o acciones que nos convencemos que deberían funcionar para nosotros y en definitiva, nos damos cuenta que no es así.

9. ¿En qué crecimos como profesionales de la educación?

Seguramente muchos de nosotros hemos percibido cambios en nuestra vida profesional durante el año que se acaba, muchos sentiremos que hemos mejorado, otros tendremos la sensación de estar estancados o que hemos empeorado en nuestra labor como educadores. Eso también es inherente a la condición humana. Lo que vale la pena descubrir es qué características hoy conforman la versión que lo que somos. Esa versión quizás nos guste o quizás quisiéramos mejorarla durante el año que se acerca, pero, mientras tanto, necesitamos saber y reconocer quiénes somos hoy.

10. ¿Qué consejo te darías a ti mismo si pudieras cambiar los planes que te hiciste al comienzo del año?

Si hacemos el ejercicio de imaginarnos hablando con nosotros mismos y de preguntarnos qué propósitos de los que hicimos definitivamente no deberíamos haber incluido en nuestros planes para el año que culmina, recibiríamos de nuestra parte un gran consejo. Esta introspección es una forma sana de reconocernos dentro de nuestras capacidades y limitaciones y de proponernos aquellos que nos hará mejores seres humanos y profesionales, siempre dentro del marco de nuestras posibilidades y como respuesta a la búsqueda de nuestra felicidad como seres humanos.

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