La importancia de los trazos en el camino a la escritura

Escrito por  Víctor Ardila

Una exitosa escritura depende de una buena base en la motricidad fina.

La escritura es una habilidad sensomotora y su aprendizaje efectivo depende del aprestamiento que se les dé a los niños en su primera etapa escolar en la que adquieren las habilidades gráficas básicas necesarias para la formación de las letras.

Cuando en su primera infancia los niños dibujan y colorean de manera espontánea realizan una de las actividades en la que se involucran diversos procesos perceptivos, motrices, cognitivos y emocionales mediante el uso de herramientas y materiales diversos como los lápices de colores, las crayolas, los pinceles, los cuadernos y numerosos tipos de papel. A medida que crecen, aumenta el control de sus movimientos como resultado de las diversas actividades que realizan con todo el cuerpo y con las partes de este.

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En la elaboración de los trazos se identifican dos momentos:

  • El reconocimiento de aquellos signos o series de signos (grafías) con los cuales se representan de manera escrita, ya sea un sonido o una palabra hablada. Se trata entonces del descubrimiento de la forma, la dimensión, la orientación, la direccionalidad y las transformaciones a través de las sensaciones cinestésicas, visuales y táctiles.
  • La automatización de la grafía que permite su utilización sin el esfuerzo de elaborarla una y otra vez.

Los trazos maduran con los niños

Es fascinante observar cómo a medida que los niños crecen su escritura va perfeccionándose más y más. Así, los niños menores de dos años trazan garabatos amplios, con movimientos poco controlados y rápidos del brazo. Al llegar a los dos años, sus trazos se hacen más menudos, repetidos y superpuestos. Ese tipo de trazos permiten que las acciones que los producen sean más pausadas y controladas. Otra función que se desarrolla aproximadamente a esta edad es el rastreo ocular del movimiento.

Con las posibilidades de pausado, los niños se habitúan a separar los trazos desplazando el brazo por lo que logran un mayor ajuste y control de movimientos, denominado control simple.

El control simple permite dirigir de nuevo la mano hacia un trazo ya realizado. Esto se observa con claridad en los primeros trazos rectos de líneas horizontales, verticales y oblicuas. Los niños dibujan estos primeros trazos de manera repetitiva por el simple placer de hacerlo.

Hacia los dos años y medio, los niños son capaces de realizar actividades en las cuales unen dos trazos. A esto se le conoce como control doble. En ese momento los niños inician el cierre de las figuras. Dos meses después tienden a dibujar círculos de manera aleatoria en el espacio, para luego darle paso al orden y la dirección. Esta secuencia de círculos da paso a la representación de la figura básica de un ser humano.

El trazo circular se consigue coordinando los movimientos de la articulación del brazo alrededor del hombro. Entre los dos y tres años de edad los niños son capaces de cerrar los círculos con un trazo mucho más controlado y con ellos representan objetos, animales y personas. Puede por ejemplo dibujar a su familia y a su mascota usando círculos de diferente tamaño de acuerdo con la percepción que tienen de ellos.

El arte de tomar un lápiz

La manera en que los niños sujetan el lápiz se encuentra directamente relacionada con la coordinación visomotriz. Desde que son bebés intentan sujetar objetos. A los quince meses los logran sujetar de manera más controlada. Alrededor de los dos años sujetan un lápiz o crayón con demasiada fuerza y utilizan toda la mano. Es el momento en que el docente, los padres u otros adultos, deben empezar a acomodarles los dedos a los niños para que la sujeción sea correcta: con menor fuerza y mayor coordinación en el movimiento.

La expresión libre y los trazos

Los ejercicios que realizan los niños a los cinco años tienen como propósito estimular y desarrollar sus procesos motrices y perceptuales; sin embargo, no reemplazan la riqueza de la expresión libre, por lo que se sugiere programar en forma paralela al ejercicio mismo de los trazos, actividades de dibujo espontáneo.

Tanto las actividades de trazos como las de dibujo libre tienen como objetivo principal desarrollar la coordinación viso-manual fina. Los trazos resultan del movimiento del brazo y de la mano que desplaza un instrumento; crayola, plumón, lápiz, sobre un soporte; pizarrón, papel, hoja, cuaderno, etc.

Cuando los niños realizan trazos o grafismos hay que tener en cuenta las siguientes variables:

  • El movimiento – desplazamiento del brazo y la mano.
  • El instrumento empleado y el soporte utilizado sobre el cual se desliza que debe ser adecuado al nivel de maduración del niño.
  • La graduación de la dificultad mediante la combinación de líneas, formas y espacios.

Para que los niños dominen los trazos propuestos es necesario realizar actividades de interiorización; es decir que ellos tienen que reproducir el trazo con todo su cuerpo y con movimientos amplios del brazo y de la mano. Por ello conviene realizar alguna de las siguientes actividades antes de cada trazo: ejecutar el trazo en el aire (por ejemplo con el dedo extendido); en el tablero (por ejemplo con la palma de la mano húmeda); en cartulinas (puede ser con plumones) y con materiales tridimensionales (haciendo formas con cuerdas para luego reproducir el trazo).

¿Qué se busca con los trazos?

A continuación se citan los objetivos que se persiguen con la elaboración de trazos.

  • Desarrollar la capacidad de coordinar la acción de diversos grupos musculares para producir o inhibir movimientos voluntarios, finos y precisos.
  • Adquirir destreza en el manejo de instrumentos de dibujo y pintura mediante la utilización de diferentes instrumentos con los que se pueda ejercer distinta presión como crayolas, lápiz o pincel.
  • Lograr mayor control en la prensión de los útiles de escritura y de la presión de éstos sobre el soporte.
  • Desarrollar la capacidad para percibir la invariabilidad de determinadas propiedades de una imagen aunque varíe su tamaño o su posición.
  • Desarrollar el control de la mirada y los movimientos oculares. La dirección de los trazos y su organización en el espacio de una hoja del cuaderno, les facilita a los niños desplazar los ojos y la mano en la dirección de la lectura y la escritura; de izquierda a derecha y de arriba abajo. Esta capacidad de regular y coordinar los movimientos de los dos ojos en orden para lograr una correcta visión binocular se manifiesta en la fijación de la mirada y la regulación de la movilidad ocular.
  • Desarrollar hábitos posturales, entendidos estos como la adopción y mantenimiento de posturas equilibradas con el mínimo de esfuerzo muscular.

Para lograr este objetivo es importante que los niños usen un tipo de mobiliario adecuado que evite que acerquen demasiado su cuerpo al libro o al cuaderno.

  • Desarrollar la organización espacial en una superficie como la de una hoja de cuaderno.

Trazos e ideas

Estas son algunas sugerencias de actividades para que al aprendizaje de las grafías de haga desde los primeros años de escolaridad con dinamismo y de manera divertida.

- Para niños menores de cinco años

  • Utilice malvaviscos y palillos de dientes para formar letras.
  • Use harina para diseñar galletas con la forma de algunas letras.
  • Use los dedos para trazar letras en la espalda de los niños para que las adivinen.

- Para los niños mayores de cinco años

  • Invítelos a que escriban una lista de compras.
  • Anímelos a que hagan trazos de letras sobre la pared usando una linterna para ello.
  • Pídales que usen sus dedos para escribir en el aire su nombre,
  • Motívelos a que se acuesten en el suelo e imiten alguna letra con sus cuerpos (Por ejemplo pueden enrollarse para formar la letra "O", o buscar la ayuda de sus compañeros para formar la letra "M", etc.)

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