Alguna vez en una reunión un padre de familia mostraba su preocupación pues su hijo que estaba en preescolar y había cumplido 4 años no sostenía correctamente el lápiz, no coloreaba dentro de las líneas de los dibujos y además, trazaba garabatos con todos los colores que encontraba. El padre preguntaba si ese era un problema grave que ameritara atención.

Una exitosa escritura depende de una buena base en la motricidad fina.

La escritura es una habilidad sensomotora y su aprendizaje efectivo depende del aprestamiento que se les dé a los niños en su primera etapa escolar en la que adquieren las habilidades gráficas básicas necesarias para la formación de las letras.

Siempre que finaliza un año hacemos un balance personal de lo que planeábamos hacer y se logró y de aquello que por alguna razón, no hicimos.

Hay quienes aseguran que los docentes tienen un periodo de vacaciones muy largo, pero no podría ser diferente debido a la tensión psicológica extraordinaria que lleva consigo la labor de educar.

Hace algún tiempo vi un documental argentino llamado La Educación Prohibida. Este recomendable material visibiliza experiencias educativas diferentes, no convencionales, que plantean la necesidad de un nuevo paradigma educativo. Lo primero que me sorprendió fue la bondad de los realizadores, quienes alientan no solo su exhibición, sino su modificación o adaptación pensando siempre en aportarnos algo como educadores y gestores de cambio.

La mayoría de los niños llegan a la escuela armados con una sola manera de aprender – la escucha activa. Casi todos nosotros hemos nacido oyendo. De hecho, durante los primeros años de educación formal, escuchar es una parte integral de la enseñanza. Pero algo sucede en los primeros años de escolaridad, cuando los estudiantes aprenden a leer. Poco a poco la lectura en voz alta y la hora del cuento van siendo reemplazadas por la lectura en silencio.

No es extraño encontrar a los niños construyendo escenas en las que sus juguetes hablan entre sí, o en las que se comunican con sus amigos invisibles o dibujando de una manera desprevenida escenas de su cotidianidad, de sus intereses o de sus deseos. Esos sin duda, son indicios de que la creatividad es un elemento común y familiar en los pequeños. Ante esto, la mayoría de los padres se sienten felices hasta antes de que sus hijos les confiesan su intención de dedicarse al arte en su vida futura.

 

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